Acompañar a alguien no consiste en caminar delante de él para mostrarle el camino. Consiste en caminar lo bastante cerca para que descubra que es capaz de encontrar el suyo.
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La partida no marca el fin de la misión de quienes enviaron al embajador. Al contrario.
Durante varios meses, el joven descubrirá un nuevo país, una nueva cultura, una nueva forma de vivir y, a veces, nuevas dificultades.
Acompañarlo no consiste en resolver los problemas en su lugar. Se trata de permanecer presente, de ayudarlo a reflexionar, de devolverle la confianza cuando sea necesario y de permitirle convertirse progresivamente en el autor de sus propias respuestas.
Así es como se construye la autonomía.
El embajador sabe que nunca está solo.
Los intercambios regulares con su club, su familia y el OSE País mantienen una relación de confianza.
No todas las pequeñas incomodidades deben convertirse en problemas por resolver. Descubrir un nuevo país también significa aprender a buscar soluciones, a pedir ayuda y a ganar confianza. El acompañamiento favorece este progreso.
El equipo OSE permanece disponible.
Interviene con rapidez cuando la seguridad, la salud o el equilibrio personal del joven lo requieren.
La autonomía nunca significa abandono.
Durante su estancia, el embajador continúa con la misión confiada por su club. Comparte regularmente sus descubrimientos, sus logros, sus interrogantes y las enseñanzas que extrae de su experiencia. Contribuye así a enriquecer la biblioteca viva de OSE.
Con el paso de los meses, cada uno ayuda al embajador a tomar conciencia del camino recorrido. El regreso no es un final.
Es la continuidad natural de su compromiso.
Acompañar a alguien no consiste en caminar delante de él para mostrarle el camino. Consiste en caminar lo bastante cerca para que descubra que es capaz de encontrar el suyo.