Un embajador nunca parte solo. Avanza sostenido por la confianza de toda una comunidad.
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Una partida nunca se decide con precipitación.
Enviar a un embajador de OSE no consiste simplemente en autorizar a un joven a irse varios meses al extranjero. Significa confiarle una misión, aceptar que crezca lejos de sus referencias habituales y movilizar a toda una comunidad en torno a su proyecto.
Esta decisión compromete al joven, a su familia, a su club, al OSE País de origen y al OSE País de acogida.
Se basa, ante todo, en una confianza recíproca.
Antes de decir «sí», cada uno debe poder responder a una pregunta esencial: ¿Estamos realmente preparados para vivir juntos esta aventura?
Un embajador de OSE no se reduce a su nivel deportivo. Debe haber comprendido el sentido de su misión y aceptar representar a su club, a su país y a los valores de OSE durante toda su estancia. Parte para progresar, descubrir, compartir y crecer.
La familia debe comprender que esta aventura constituye una etapa importante en la construcción personal de su hijo o hija. Acepta confiar en él o ella, permaneciendo presente cuando sea necesario.
El club no pierde temporalmente a un miembro. Confía a uno de los suyos a una comunidad internacional. Durante toda la estancia, el embajador sigue representando a su club.
Una partida solo existe porque ya existe una acogida. Antes de tomar cualquier decisión, el OSE País de origen se asegura de que el país socio esté en condiciones de ofrecer al joven las mejores condiciones para el éxito. La manera en que se construye esta acogida se presenta en el Cuaderno de la Aventura OSE n.º 2: Acoger a un embajador.
Cuando todos están preparados, la decisión se convierte en una decisión colectiva. Nadie es el único responsable de ella. Cada uno se compromete a acompañar al embajador hasta su regreso.
Un embajador nunca parte solo. Avanza sostenido por la confianza de toda una comunidad.