No se llega a ser embajador el día en que se sube a un avión. Se llega a serlo progresivamente, comprendiendo el sentido de la misión que se nos confía.
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Preparar bien a un embajador no consiste únicamente en organizar su partida. Se trata de darle los medios para vivir plenamente su experiencia, adaptarse a una nueva cultura, representar dignamente a su club y a su país, y luego transmitir lo que haya recibido.
OSE no es una agencia de intercambios internacionales.
Es una escuela de la Existencia.
Por eso, la preparación de un embajador va mucho más allá de la organización de su estancia.
El embajador debe comprender por qué se marcha.
No parte únicamente para practicar su deporte, continuar sus estudios o descubrir otro país. Recibe una misión de confianza.
Durante toda su estancia, representará a su club, a su OSE País y a los valores del Olimpismo.
Cada embajador prepara tres proyectos que avanzarán juntos:
Estos tres proyectos son igual de importantes y tan concretos los unos como los otros.
El proyecto existencial no se limita a una reflexión personal. Se concreta mediante una misión de embajador, confiada por su club antes de la partida. Esta misión da sentido a la estancia, orienta las observaciones del joven, nutre sus acciones a lo largo del intercambio y lo invita, a su regreso, a transmitir lo que haya recibido.
Así, el proyecto existencial no se suma a los otros dos: les da unidad.
Descubrir otra cultura exige curiosidad, humildad y capacidad de adaptación. El embajador sabe que no va a vivir «como en casa». Descubrirá otras costumbres, otras formas de comunicarse, otras reglas de vida y, a veces, otra manera de practicar su deporte.
En lugar de comparar, buscará primero comprender.
La diferencia no es un obstáculo: es una riqueza.
El embajador nunca es un simple beneficiario. Participa plenamente en la vida de su club, de su familia de acogida y de su centro escolar.
Mantiene regularmente informada a la comunidad OSE sobre su experiencia, para enriquecer la biblioteca viva de la red.
Comprende que su aventura personal se convertirá en un recurso para quienes partan después de él.
El regreso comienza incluso antes de la partida. El embajador sabe que volverá cambiado. Ya se prepara para compartir su experiencia, acompañar a los futuros embajadores y seguir manteniendo vivo el espíritu OSE con su ejemplo.
El intercambio no termina con el regreso a Francia.
Entra en una nueva etapa: la de la transmisión.
Un embajador no se prepara solo para partir. Se prepara para convertirse en una persona capaz de recibir, crecer y transmitir.